“Hacia la libertad” Dziga Vertov

Por Patricia Olivares.

Silencio, sólo silencio. Una tela oscura me cubre, no puedo ver más, mis ojos pesados y rígidos a la espera de un mágico destello de luz. Cuando comienza el sueño se vuelve pesadilla, no puedo moverme ante lo que observo, paralizada y sin voz. Una y otra imagen saturando mi cabeza… y yo, sin poder hacer nada, todavía callada, sumisa y agachada.

Reprimida en todo sentido, nadie me escucha. Quiero salir, quiero mostrar lo que tanto he visto y revelar la realidad, aquella que no todos conocen y está frente a mí, incitándome a seguirla sin ver mis obstáculos y retrasos.

Después de tanto tiempo sin libertad y siendo una máquina nada más, me rebelo; y traviesa miro hacia donde quiero, puedo y deseo, para después enseñarle a la humanidad mi poder y mi capacidad.

Yo: “yo soy el cine-ojo, yo soy el ojo mecánico, la máquina que muestra el mundo como sólo ella puede verlo. De ahora en adelante me liberaré de la inmovilidad humana. Estoy en perpetuo movimiento, me acerco a las cosas, me alejo de ellas, me deslizo bajo ellas, entro en ellas; avanzo hacia el hocico del caballo de carreras, atravieso las multitudes a toda velocidad, voy delante de los soldados al asalto, despego con los aeroplanos, me acuesto de espaldas, caigo y me levanto al mismo tiempo que los cuerpos que caen y se levantan […]”[1]

Yo puedo acercarme a la posibilidad de hacer visible lo que era invisible o evidente lo que está oculto para muchos y reemplazar la falsedad por la verdad. Sin embargo, a pesar de mis características, sé perfectamente, que por mí misma no puedo revelar por completo la realidad con su debida coherencia, y que sólo soy un instrumento en donde se pude experimentar el valioso tiempo y las dimensiones del espacio.

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Imagen retomada de la publicación “Documentary: Man with a Movie Camera (1929)–Best Ever Made” de Emanuel Levy.

¡Oh mi señor!, tú que adoptaste ser el “movimiento perpetuo”, rompiendo el silencio y despertando mi consciencia, que me guías a los senderos de la libertad, cargándome a tu lado y volviéndote mi cómplice. Aunque tu verdadero nombre sea Denis Arkadievich Kaufman, siempre serás inmortalizado como: Dziga Vertov.

Gracias por darme vida, por concebirme hacia el cine-ojo y darme la cualidad de mirar: “lo que el ojo no ve, como microscopio y telescopio del tiempo”[2]. Pues yo soy la cámara cinematográfica, aquella que sigue evolucionando debido a la tecnología y seguirá acompañando a las nuevas generaciones con su labor, creatividad y responsabilidad.

Tus esfuerzos y concepciones de creación artísticas, aún las recuerdan tus contemporáneos, así el cine-ojo, el cine-verdad, la radio-oreja, la vida de improviso (filmación en vivo), son legados de tu grandioso ingenio y originalidad. Aunque las sociedades de todo el mundo hayan cambiado, lo que hiciste por mí y mis hermanas, se quedará grabado en la historia.

Pero dime: ¿Quién más que yo pudo conocerte a profundidad?, ¿quién si yo fui tu amiga, tu instrumento y la ventana hacia tu realidad?; ¿si cada vez que brillaban mis pupilas veía el comportamiento y los pensamientos más internos de la humanidad?

Después de darme libertad y movimiento, fuiste más allá y necesitaste del montaje, quien juguetón rozaba mis vistas, para estudiar las partes y crear una visión perfeccionada, precisa y profunda de lo aparente. Porque no bastaba con mostrar fragmentos aislados en una pantalla, sino, organizar esas imágenes en donde la verdad resultaría del conjunto.

Aunque fui “el aparato”, como las máquinas de las fábricas o del proletariado, me usaste para hacer algo más grande y que las personas vieran a través de mí, con mis fotogramas. Visualizaste a este artefacto servil, como una niña que crecería hacia nuevas teorías; y tú me cambiaste de rumbo, como la serpiente de Adán y Evan, me lanzaste hacia la vida.

Estuve condenada por cierto tiempo a las 16 imágenes por segundo, pero me soltaste a la filmación rápida, a la imagen por imagen, a la microfilmación, la macrofilmación, la filmación invertida, la cámara en movimiento, etcétera. Yo como tú, vimos el cine crecer y surgir hacia una nueva era de proyectos e ilusiones, mostrando a la humanidad su época, contexto y nuestra visión.

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Imagen retomada de la publicación “Documentary: Man with a Movie Camera (1929)–Best Ever Made” de Emanuel Levy.

El ojo humano sin mí, no puede ver la verdad; pero yo necesito a “El hombre de la cámara”, para que él pueda desentrañar la realidad. Una íntima relación en donde la función armónica entre el ojo de la cámara y el del cineasta, danzan hasta concebir lo magistral.

Los comprendo a todos ustedes, mujeres y hombres mirando en mis ojos, sé que sus limitaciones por la posición del cuerpo o por la poca captación de un fenómeno en un segundo de visión, los hace recurrir a mí. Ustedes entenderán que mis ojos tienen una capacidad mayor ante los suyos y para eso me siguen perfeccionado.

Pero a pesar de todos mis logros, ventajas y cualidades hay quienes se empeñan en la utilización de mecanismos ficcionales como el guión confeccionado, los actores, los estudios, los decorados o la iluminación artificial ¿Será que no quieren ver la verdad o que quieren vivir engañados en un mundo de fantasías?; tal vez por eso sean humanos, porque yo… yo no comprendo de sentimientos, sólo soy una máquina poderosa.

Por ahí anduvieron diciendo que: “el drama cinematográfico es el opio del pueblo ¡Abajo las fábulas burguesas y viva la vida tal y como es!”[3], no sé qué tan cierto sea esto, pero bajo mis principios del cine-ojo, mi trabajo es ser su ojo perfeccionado y mostrarles la verdad, gracias a la reconstrucción de la realidad.

Mis compañeras, primas, amigas y demás cámaras cinematográficas, han optado por otra posición más amplia evitándose problemas; claro está, influidas por sus cómplices humanos, quienes dicen que: “la riqueza del cine, le permite ser arte, técnica, mercancía, sueño, concientizador social, placer, enajenación… y más. Como todo arte, nos muestra lo mejor de nosotros mismos. O, como dicen por ahí, el cine es mejor que la vida[4]

Pero ¿cómo que el cine será mejor que la vida misma?, si en los pensamientos de Vertov y de los kinoks,  el campo, el material, los decorados y los artistas son la vida, aquella que observo para ustedes, porque su complejidad es tan amplia que no pueden mirarla en su magnitud y recurren a las máquinas.

Aunque debo decir que en el cine-ojo, en el cine-verdad muestro la realidad y es mejor de lo que ustedes captan de la vida, porque “sólo lo verdadero es bello” ante un cine-mentira; tal vez por no ser capaces de desentrañar la verdad, quieran soñar con historias y fantasías; porque el cine es un arte y les mostrará lo que ustedes no pueden ver o imaginar.

Por algo los kinoks decían lo siguiente: “[…] NOSOTROS afirmamos el arte del cine como la negación del cine de hoy. La muerte de la “cinematografía” es indispensable para que viva el arte del cine”[5] Sin más palabras que decir, Denis Arkadievich Kaufman, sólo fue un humano más que respondió a las necesidades políticas, económicas y sociales del momento histórico en el que se encontraba, con un pensamiento innovador y diferente al de su época.

Yo fui usada en tiempos de Dziga Vertov como el “ojo fílmico más perfecto que el ojo humano, para explorar el caos de los fenómenos visuales que llenan el universo”[6]; y que se escuche en todos los silencios y barreras, entre los realizadores y cineastas del futuro, aquellos a los cuales pueda conmover con mi maravilla ilusoria, porque gracias al cine-ojo marqué la historia del cine documental.

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Imagen retomada de la publicación “Del Cine-Ojo al Radio Ojo, por Dziga Vertov”, Recogido en Textos y manifiestos del cine. Editorial Cátedra.

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[1]  SADOUL, Georges, El cine de Dziga Vertov, Ediciones Era, S.A., México, 1973, p.12

[2] Íbid, p. 170.

[3] Kinoki Documentales, Consultado el 27 de febrero de 2010, a las 10:55am, disponible en: http://documental.kinoki.org/dzigavertov.htm

[4] GARCÍA TSAO, Leonardo, Cómo acercarse al cine, Ed. Gob. Del Edo. De Querétaro, CNCA y Ed. Limusa. México, 1997, p. 11

[5] SADOUL, Georges, El cine de Dziga Vertov, Ediciones Era, S.A., México, 1973, p. 72

[6] Kinoki Documentales, Consultado el 27 de febrero de 2010, a las 10:55am, disponible en: http://documental.kinoki.org/dzigavertov.htm

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Fuentes consultadas:

  • SADOUL, Georges, El cine de Dziga Vertov, Ediciones Era, S.A., México, 1973, 223 pp.
  • GARCÍA TSAO, Leonardo, Cómo acercarse al cine, Ed. Gob. Del Edo. De Querétaro, CNCA y Ed. Limusa. México, 1997, 135 pp.
  • Kinoki Documentales, Consultado el 27 de febrero de 2010, a las 10:55am, disponible en: http://documental.kinoki.org/dzigavertov.htm

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